De niño sus hermanos lo llamaban «Tonio». En el colegio lo llamaban «Pique la lune», pincha la luna, por su nariz respingona y su mirada siempre perdida entre las nubes.
Los pobladores del desierto lo llamaban «el comandante de los pájaros», porque iba veloz como una flecha por el cielo con sus aviones.
Consuelo, su esposa, lo llamaba «Pez volador», «Tonnio», «Papú», porque lo amaba y le gustaba ponerle muchos nombres diferentes.
Él se definía «campesino de las estrellas», porque se sentía habitante de un planeta errante suspendido en la Vía Láctea.
Su nombre de bautismo es Antoine de Saint-Exupéry, aunque ahora muchos lo conocen como «El Principito».




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